Theme Preview Rss

El grupo como campo de fuerzas



Todo grupo humano es un lugar de fuerzas, creadoras o destructivas, de impulso o de freno. Es un campo de interrelaciones donde nacen y se desarrollan, a menudo de forma inconsciente, sentimientos de toda clase e intensidad, atracciones y divergencias.
El campo de fuerzas de un grupo se nutre de los materiales que cada persona aporta, conocidos o desconocidos: sus intereses, sus necesidades, su manera de relacionarse, sus mecanismos de defensa, su visión de la realidad, su esquema de valores, sus carencias afectivas, frustraciones, expectativas, complejos, miedos, seguridades, etc. Este pasado, que todo individuo trae a un grupo en su mochila personal, interroga, intriga, molesta o atrae a los otros y alimenta el campo de fuerzas de una manera que no controlamos o de la que no somos conscientes.
El campo grupal no se reduce, por otra parte, a las aportaciones personales, tiene vida propia, energía propia y es capaz de modificar o condicionar los comportamientos y actitudes individuales.
No se puede explicar lo que se produce en un contexto de un determinado nivel de complejidad mediante mecanismos y propiedades tomadas de un nivel inferior. No se puede explicar lo que ocurre en una familia o en un grupo a partir de la personalidad de los individuos que la forman. Las explicaciones se deben buscar en el sistema relacional en su totalidad: El campo grupal.

El campo de fuerzas1 La aparente estabilidad del campo de fuerzas se sostiene por un equilibrio precario entre fuerzas impulsoras y fuerzas restrictivas.

En el campo de fuerzas hay potencias visibles o invisibles, activas o pasivas, materiales o inmateriales y según el resultado que se desee obtener se pueden presionar para producir cambios y también introducir nuevas fortalezas.
Análisis del Campo de Fuerzas, es una herramienta que se utiliza para ayudar a facilitar el cambio, lo que se pretende es evaluar el impacto que pueden causar las soluciones propuestas. El Análisis del Campo de Fuerzas ve el cambio como fuerzas diferentes que compiten entre sí. Existen las Fuerzas Impulsoras, las cuales facilitan el cambio y las Fuerzas Restringentes, las cuales evitan que el cambio ocurra. Esta herramienta se enfoca en la identificación de estas fuerzas y en relacionarlas con el cambio potencial.
¿Cuándo se utiliza?
E l Análisis del Campo de Fuerzas se puede utilizar en cualquier momento que se espere un cambio significativo; Nos ayuda a determinar hasta dónde el cambio puede ser difícil; Nos permite ver los factores que contribuyen al éxito o fracaso de la solución propuesta.
¿Cómo se utiliza?
1. Definiendo el cambio deseado.
2. Lanzando una lluvia de Ideas de las fuerzas impulsoras
3. Haciendo una lluvia de ideas de las fuerzas restringentes
4. Clasificando en orden de prioridad las fuerzas impulsoras
5. Clasificando en orden de prioridad las fuerzas restringentes
El Análisis del Campo de Fuerzas le da la oportunidad a un equipo de “ver” un cambio propuesto desde ambas posiciones; a favor y en contra.
Se convierte en un punto de inicio para acciones a tomar, de cara a la indagación y la toma de decisiones. Ayuda a preparar el calendario de acciones.
Si una solución a sido aceptada la pregunta es cómo implementarla.
La técnica es preguntar ante cada fase del plan: ¿ cómo?. La pregunta se realiza una y otra vez hasta que ya no se pueda preguntar más nada.

1 por Horacio Krell

Europa: De aquellos polvos estos lodos.

Europa, entiéndase, la Unión Europea y la OTAN, conocía muy bien el camino que los llevaba para destruir Libia, para destruir Siria, para destruir Irak y para aniquilar por el resto de los tiempos a Afganistán, pero nadie les explicó como volver de allí y las consecuencias que tendría para la paz en occidente.
Para visualizar los nuevos campos de batalla, los grandes estrategas occidentales utilizaron el Battlefield Augmented Reality System (BARS o sistema de realidad aumentada para el campo de batalla) junto con las opciones dadas por los laboratorios interdisciplinarios o Think Tank, y el respectivo aval político y la asistencia del poder mediático. Empleando un arma de guerra tan letal como una andanada de misiles, demolieron con suma prolijidad países enteros, miles de pueblos, centenares de ciudades, millones de vidas y siglos de civilización.
Nadie puede negar que si la idea era destruir, el plan armado sobre la “Primavera Árabe”, fue el éxito más contundente de Occidente desde la demolición del bloque socialista simbolizado en el Muro de Berlín.
Casi 20 años se prepararon los Estados Unidos junto a sus aliados europeos para el asalto final al mundo productor de energía, petróleo y gas específicamente, y a por ello fueron a exterminar los países que se rehusaban a entregarlos dócilmente (Siria, Libia e Irán).
Los estrategas del Pentágono, ya con las operaciones en marcha, descubrieron un detalle geológico que no consideraron, que bajo las arenas del Medio Oriente, además de océanos de energía, había grandes lodazales y allí han quedado empantanados desde 2001.
La misma mano de obra que la OTAN utilizó para la derrota de la Unión Soviética en Afganistán, para la destrucción de Libia y el martirio del Coronel Gadaffi, y que estuvo a punto de conseguir lo mismo con la Siria de Bashar al-Assad, hoy se está empleando contra sus propias poblaciones (nosotros, los que vivios en los países integrantes de la OTAN). Lo tremendo de esto es que no lo hacen con cuadrillas de bombardeos, cazas y drones, batallones, tanques, y portaaviones. Los “ejércitos” que hoy están destruyendo el sistema nervioso de los europeos y los estadounidenses, viajan en metro, manejan camiones, visitan centros comerciales.
El tipo de ataque que se han sucedido desde Niza a esta parte, a diferencia de Madrid, Londres, París y Bruselas, muestra claramente que no ha sido orgánicamente responsabilidad de Estado Islámico o al-Qaeda en su momento. Si queda bien claro que son responsabilidad de las autoridades europeas, no porque no los hayan podido detener (hoy no hay servicio de inteligencia y sistema de espionaje que pueda prever con que humor se han despertado los 50 millones de musulmanes que viven en Europa, muchos de ellos, la absoluta mayoría, europeos y hasta tres generaciones) sino por haber llevado a miles de jóvenes europeos de originarios de países musulmanes a no tener otra razón para vivir que morir por Allah.
Hoy, cualquiera que camine por una calle de Oporto, Elsinor o Zakopane, es un objetivo militar, no importa si el ataque deja solo unos cuantos heridos, como sucedió por ejemplo en un tren regional de Bavaria, donde Muhamad Riyad, un joven afgano de 19 años, al grito de “Alá Es grande”, la emprendió contra los pasajeros hiriendo gravemente a cinco. Lo que nos recordó el asesinato del soldado británico en mayo de 2013, en plena calle del tranquilo barrio londinense de Woolwich, a manos de dos nigerianos, que lo decapitaron frente a los transeúntes, a quienes les pidieron ser filmados en plena faena.
Nadie puede saber cuándo y donde será el próximo ataque. Las policías occidentales, los servicios de inteligencia, las autoridades saben que esta situación es inmanejable, que el desborde es incontenible y no es una victoria militar sobre el Estado Islámico lo que va a terminar con esta situación.
Daesh, que ha hecho del marketing un gran arma, está dispuesto a reconocer y asumir cualquier acto de violencia sucedido en el mundo y cualquiera que intente un poco más de notoriedad gritará un Allah Abkar1, aunque no tenga idea de que signifique las dos palabritas combinadas.
Nicolás Sarkozy, quien propicio la actual situación en el Magreb y el Medio Oriente, atado a los caprichos de George W. Bush y como Ministro del Interior de Chirac, no supo interpretar el caldero que se estaba encendiendo entre los jóvenes de origen musulmán, que dio como resultado las protestas de 2005 en las periferias de París.
Hollande añadió más nafta para apagar el incendio que puede consumir mucho más de lo que creemos. Con su natural incapacidad, Hollande, descubrio que el “Estado Islámico le había declarado la guerra a Francia” por lo que pasó a la ofensiva y en venganza de lo sucedido en Niza, cuándo ya todo el mundo sabe que el autor de la matanza, Mohamed Lahouaiej Bouhlel, no era integrante del Daesh.
Hollande, atacó inopinadamente la aldea de Tokhar Manbij, al norte de Siria, solo como venganza por el ataque en Niza, dejando 164 civiles muertos, el doble de los muertos en Niza.
Los atacantes a la iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray, dijeron que lo hacían en venganza.
Los bombardeos de la OTAN y sus aliados, desde septiembre de 2014, en Siria y el último ataque de Trump en Afganistán para “probar” con la bomba convencional más mortífera, lo que evidencia claramente la artera decisión de los países occidentales de vengarse contra la población civil de unos pueblos rebeldes de una guerra que Occidente desató en sus territorios.
Quizás, cuándo más temprano que tarde, se vuelva a producir un nuevo atentado en Europa, alguien todavía se preguntará ¿por qué? La respuesta será tan sencilla como que de aquellos polvos, estos lodos.
- Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC


1“Alá Es grande”

El activismo de lo cotidiano

La palabra activismo nos hace volar a lo más alto de las Torres Kio de Madrid donde escaladores de Greenpeace despliegan una pancarta para decir No al TTIP; nos lleva a bordo del Astral, el barco de Proactiva Open Arms que navega en aguas del Mediterráneo para rescatar personas refugiadas; o a las puertas de una vivienda ante la que se agolpan miembros de la PAH para evitar un desahucio.

María Luisa Toribio. Bióloga. Autora del blog Un viaje hacia el activismo. @MLuisaToribio

Fotograma del documental 'Mañana'
Karma Films
El activismo nos evoca organizaciones y movimientos sociales que ponen su compromiso al servicio de las más variadas causas. Pero hay también un activismo cotidiano, el que podemos ejercer desde que nos levantamos. El café del desayuno, la ropa que nos ponemos, el medio de transporte que utilizamos para ir al trabajo pueden ser poderosas herramientas de transformación social. Cada una de nuestras compras (o lo que decidimos no comprar), el banco en el que depositamos nuestro dinero… todo contribuye a dar forma a la sociedad en que vivimos.
Sociedad en su sentido más amplio, porque nuestros actos cotidianos nos vinculan con trabajadoras de Bangladesh, con campesinos de América Latina, con los mares y bosques de medio mundo, o con una mina en África. En un mundo global todo está entrelazado.
La crisis en la que estamos inmersos también es global. Tiene su raíz en un modelo económico agotado, que ignora las bases físicas y biológicas del planeta y que genera profundas desigualdades sociales. Saltan todas las alarmas, pero ¿las oímos? El abanico de reacciones es amplio: desde quien está a otra cosa a quien pasa a la acción, con un espacio intermedio ocupado por quienes perciben que no vamos bien pero que piensan que no está en su mano hacer nada.
Informar, el primer paso
La realidad nos muestra que la reacción mayoritaria está muy lejos de la gravedad y la urgencia de los retos a los que nos enfrentamos. ¿Qué nos impide reaccionar? Y, sobre todo, ¿cómo activar a sectores más amplios de la ciudadanía?
No basta saber, hace falta tomar conciencia
Parece claro que informar es el primer paso. Pero hoy en día hay más fuentes de información que nunca… y sigue sin ser suficiente. ¿Por qué? La transformación social no vendrá de la abundancia de datos y argumentos. Sabemos que el cambio climático es una realidad, pero seguimos calentando el planeta. Abundan las listas de consejos para un consumo responsable, pero seguimos inmersos en la sociedad de consumo. No basta saber. Es necesario un recorrido personal que lleve, primero, a tomar conciencia y después a desear ser parte de la solución. ¿Cómo acelerar ese proceso?
Dar en la diana
Para que la información sea eficaz como instrumento de transformación social, debe ir a la raíz. No basta con informar sobre el cambio climático, es imprescindible relacionarlo con su causa última y mostrar con claridad las vías de solución. Un ejemplo, el último libro de Naomi Klein Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima, señala directamente y sin contemplaciones la causa última del cambio climático: el modelo económico imperante y su traducción en un consumo desmesurado de energía. Además, hace un recorrido por las movilizaciones que están teniendo lugar en todo el mundo y por las alternativas que se están impulsando.
Vincular cabeza y corazón
Estábamos dormidos y despertamos”. Fue una de las frases que expresaban el sentimiento de muchas de las personas que salieron a las calles aquel 15M en el que una parte de la ciudadanía, sacudida por la crisis, comenzó a despertar de su letargo. El paro, los desahucios, los recortes en sanidad y educación, una juventud que veía frustradas sus expectativas fueron el detonante.
Jane Goodall tiene claro que el camino pasa por acercar cerebro y corazón, por lograr que lo que sabemos nos emocione
Fue un despertar originado por lo más próximo. Otras consecuencias de la crisis siguen sin percibirse como algo propio, cercano, que nos afecta. Pienso en las consecuencias ambientales, pero también en las sociales que ocurren en lugares más alejados. ¿Cómo lograr que nos toque dentro, que nos emocione, lo que no percibimos tan cerca? Jane Goodall lo logra con maestría. ¿Su secreto? Habla directa al corazón, tiene claro que el camino pasa por acercar cerebro y corazón, por lograr que lo que sabemos nos emocione.
Es por eso que el programa educativo Roots&Shoots, puesto en marcha por el Instituto Jane Goodall, implica a miles de jóvenes en proyectos que les hacen vivir el respeto y la empatía por las personas y por la naturaleza. La vivencia es claramente más transformadora que los conocimientos.
Ilusionar es motivar

El cambio es posible y nos trae algo mejor. El documental Mañana nos lleva de viaje por huertos urbanos que están cambiando la forma de producir alimentos, comunidades que se abastecen de energías limpias, productos fabricados para durar, residuos que se convierten en recursos… Todo hecho realidad por personas normales y corrientes, que nos demuestran que sí hay alternativas. Proyectos que llevan premio añadido: ciudades más limpias y saludables, nuevas formas de relacionarnos, de implicarnos con ilusión en actividades compartidas, de lograr más autonomía y control sobre la forma en que organizamos las sociedades… ¡Resulta contagioso y despierta al activista que llevamos dentro!